Testimonios

Crecí en un hogar conflictivo, con un padre violento. Él maltrató mucho a mi madre, ella le tenia tanto miedo, que nos decía: “niñas cuando venga su papa quédense sentadas, en un solo sitio. Para que no les este pegando” pues para él todo era motivo para golpearnos.

Estábamos muy pequeños yo tenia cuatro años, cuando mi hermana y yo creímos que mi papá había matado a mi mami. Aquella vez él estaba muy enfurecido, golpeó a mi madre como siempre hasta ya no poder. Mi hermana se metía pero era imposible detenerlo. Mi padre era muy fuerte y mi hermana, apenas una niña de seis años, y con ira la fuerza de mi papa aumentaba en aquella ocasión él la  pateó y la hizo caer de rodillas. Le agarró por el pelo a mi mamá y le estrelló el rostro contra el piso, le desvió el tabique ella tirada en el piso sangrando y yo aterrorizada viendo a mi papa le decía: la mato papá, mato a mi mami, pero ella entre lágrimas y casi sin poder hablar pedía ayuda. Ella cansada de aquel infierno se fue.
Se llevo a mis hermanas y yo crecí con mi papa odiándola porque no abandono, después de un poco de tiempo mis hermanas vinieron a vivir con mi padre.

Cuando tenia ocho años un hombre casi me viola, y aquello me hizo odiarlo más porque ella no me defendió.

Luego mi padre decidió tener un nuevo compromiso y sentí que mundo se me derrumbo. Mi casa era una guerra constante en la que ni la mujer, ni yo queríamos perder. Con el tiempo todo me dio igual. Me volví desobediente, el colegio no me importaba, me iba a bailar y con ella vino el alcohol, cuando llegue a 6to. Año yo ya había tocado fondo, pues las veces que iba al colegio lo hacia en estado etílico y en esas circunstancias llegaba a mi casa. Me fascinaba bailar, no dormía en mi casa me amanecía bailando y tomando buscando llenar el vació en mi corazón con falsos “amigos”.

Una noche vi una sombra que me sonreía y me llamaba, zapateaba, gritaba, lloraba. Pero mi papá me decía que el Diablo no existía. Mientras que ese  espíritu me lanzaba cosas, me hablaba. Mi padre desesperado me llevó a los psicólogos y estos le dijeron que posiblemente sufría de esquizofrenia. Su última opción fue al Lorenzo Ponce donde me hicieron estudios y radiografías allí le dijeron a mi padre que me llevara a casa, porque no tenia nada anormal, ni tenía problemas mentales. Como nadie me creía pasaron los meses y me acostumbre a oírlo. Aquel espíritu me decía, que porque llamaba a Dios, si el no me escuchaba. Que Dios no se volvía ni siquiera a mirarme.

Llego un día en que me dijo que me matase, no haces nada en este mundo y así lo hice. Tome un frasco de pastillas pero no me morí. ¿Quien me llevo al hospital? No lo se, pero en aquel lugar había alguien que en cuanto yo abrí los ojos me hablo de Dios pero mi corazón estaba endurecido, y no la escuché.

Y como Satanás es insistente volví a tratar de quitarme la vida muchas ocasiones corte mis venas, pero todos mis intentos fueron fallidos. Luego, lo volví a intentar camine sin dirección alguno y sin darme cuenta cuanto había caminado me subí al paso peatonal, que hay en Metrópolis, quise tirarme, y no pude, pues era como si alguien me tenia sostenido que no permitía que lo hicieron, pues regrese pero encontré un vidrio me hice una herida profunda llegue a casa sangrando. Me amarre un trapo y me acosté, para que nadie se diera cuenta. Al día siguiente la herida ya estaba cerrada yo no entendía lo que pasaba.

En la tarde una hermana llego hablarme de Dios, pero tampoco la escuche. Al día siguiente, otra hermana me toco la puerta a invitarme a su célula. Yo no fui, pero ella no se dio por vencida y siempre me iba, yo le mentía pero la conciencia me molestaba, yo decía: esta hermana viene a molestar. Tú eres testigo Dios, no quiere mentirle, pero ella me obliga. Hasta que fui, pero esa hora de predicación, se me hizo una eternidad. Cuando el hermano Daniel empezó a orarme, yo sentía que me quemaba, la cabeza la sentía enorme, no quería que me tocara la cabeza pero el lo hizo.

Ese espíritu gracias a Dios salio de mi vida. Cristo me aparto de aquel mundo ficticio. Volví a hablar con mi padre y mi casa esta en paz. Le pedí perdón a mi madre y aquí estoy en brecha. Yo vi y palpe como los jóvenes perdían, en medio de alcohol y droga están tan necesitados de amor y de saber que hay Dios, que es amor y misericordia.

VICKY


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Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. Éxodo 33:14.